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Cómo el color púrpura cambió la historia

La historia del color púrpura empieza con un adolescente que trataba de hacer una droga. No, no estamos hablando de ninguna serie de Netflix. Pero esta historia no es sólo sobre el descubrimiento de la manera de manufacturar un color, es la historia sobre cómo ese color transformó la sociedad, de cómo cambió la industria textil y de cómo se dio inicio a toda la industria química moderna, a gigantes como la BASF o la BAYER… Esta es la historia de la desaparición de un estilo de vida y el surgimiento de otro, de un mundo de marcas y de gigantes farmacéuticos. Pon atención…

William Henry Perkin tenía solo 15 años cuendo entró en el Real Colegio de Química (hoy en día parte del Imperial College de Londres). Con 17 era alumno del ilustre August Wilhelm von Hofmann. Hofmann pretendía sintetizar quinina, un componente de la medicina contra la malaria, muy demandado en las colonias. La quinina era el único tratamiento efectivo contra la malaria conocido en ese entonces, y se extraída de la corteza de un árbol de Perú llamado quino….Pero costaba una fortuna. Y eso precisamente es lo que William Perkin estaba tratando de hacer en su casa en la Semana Santa de 1856. Mientras Holfman estaba de viaje visitando a su familia, Perkin decidió intentarlo y probo una idea suya: oxidó la anilina. Pero su experimento falló.

Al diluirla para eliminarla, observó que esta se coloraba, un color más intenso y estridente que cualquiera de los que había antes. Era el primer tinte sintético: la anilina morada, malveína, malva, violeta o púrpura de Perkin. Hasta ese momento sólo la vida de las clases altas era a color, pues había que contar con dinero de sobra para poder darse el lujo de pagar por ese privilegio, pues los tintes hasta ese momento eran naturales y muy costosos. Y precisamente ese que Perkin había logrado sin querer, era uno de los más difíciles de obtener naturalmente, por lo que había sido asociado con la realeza. Un color que no sólo provocó una sensación en la moda, sino que fue el heraldo de un giro inesperado en la sociedad.

No era que no hubiera tintes púrpura en el mercado. Desde la década de 1830 uno llamado murexida se había vuelto popular, aunque pocos sabían que era hecha con excremento de unas aves peruanas. Otro tinte morado era hecho con el extracto de un raro liquen escandinavo. Los franceses, rectores de la moda, hasta tenían un nombre para esos más bien pálidos violetas: mauve (malva).

Nada de eso le importaba a Perkin: si lo podía hacer en un laboratorio, eventualmente iba a ser más barato, de manera que al final, llegaría a las masas. Y lo hizo… masivamente. Con solo 18 años patentó la idea e hizo lo que solo un osado jóven podría llegar a hacer: montó un negocio haciendo tinte púrpura.

Perkin no solo realizó el descubrimiento que lo hizo posible, sino que también organizó la fábrica, obtuvo el capital necesario, realizó labores comerciales y de venta, así como realizando diversas mejoras técnicas en el proceso industrial. A los veintiún años ya era millonario.

Así nació Perkins & Sons, con un tinte que era más rico y más permanente que todos los anteriores, y fue todo un éxito. Poco después, los tintes de alquitrán de hulla estaban por todas partes, no sólo púrpura sino también verde, rojo, azul, negro… Había llegado la liberación del color. Los colores brillantes habían dejado de ser una exclusividad de los acaudalados. La codificación por colores de las jerarquías sociales estaba a punto de desaparecer. Para 1860, el color era cuestión de gusto, no de clase.